¿Que si recuerdo a Halston? Cómo podría olvidarlo, era un tipo muy especial; en cierto sentido le odiaba, pero sólo en cierto sentido, después de todo éramos amigos, era muy cercano a mí. Estuve acostumbrado a oír frases acerca de él como: “¡Qué buen chico es Halston!” “¡vaya! Muchas jovencitas deben estar tras él” “ese joven promete mucho”. Siempre lo consideraron así, y tal vez era justo, no lo sé, pero siempre que escuchaba algo así me enfurecía.
Era impresionante ver cómo Halston podía comportarse de tal manera que podría parecer que seguía algún manual de comportamiento de etiqueta. Incluso lo llegué a ver usando un chaqué negro, muy al estilo de la realeza británica, haciendo gala de la maestría con que dominaba los modales de las altas esferas. Sabía declamar poemas de buena manera, podía decirse que era un joven de mundo, porque siempre andaba presumiendo sus conocimientos de otros países; ¡Dios!, qué pedante llegaba a parecerme su actitud, su pulcritud. Había ciertas veces en que mis puños temblaban sólo por asestarle un buen golpe que rompiera esa nariz, para que deformara un poco ese rostro y, después de haberse limpiado la sangre de los labios, poder ir juntos a beber unas cervezas al Hook’s Pub, el bar al que siempre acudíamos. Así me imaginaba la hipotética escena, pero nunca le golpee.
Vaya, cómo cambiaba una vez que salíamos y nos encontrábamos lejos de aquella gente pedante. Halston se abría la camisa y empezaba a beber con un ritmo de locos, aún así, éramos muy buenos tomando alcohol, después de muchos litros nos sentíamos ebrios. Él seducía alguna chica del lugar y después íbamos a su departamento, ahí ya no había modales. Recuerdo que le gustaba hablar mucho de pollas, jaja, no sé si tenía algún tipo de fijación con ellas, pero siempre que estábamos fuera de los salones y las comidas, mencionaba y mencionaba pollas y más pollas, y por supuesto coños, pero más pollas que coños. Solía ser un patán con aquellas chicas que su familia no conocía y que no volveríamos a ver, vaya, de hecho le gustaba mucho jugar con ellas, y apenas regresábamos al colegio o a su casa, empezaba a parlotear acerca de los valores de un caballero y del humanismo y de la importancia de la buena vestimenta que, como sostenía Halston, era un reflejo de la personalidad, pero para nada sus atuendos reflejaban al Halston que yo conocía, y, sin duda alguna mis atuendos tampoco corresponden a la patética persona que soy.
Aún así, qué buenos tiempos pasamos juntos; realmente, yo nunca fui como él, tal vez sólo era una especie de armonía extraña y repugnante, sí, nuestra amistad era repugnante, yo le odiaba un poco, sólo un poco, pero esa sensación fue constante, siempre le odié, y creo que él también a mí, éramos distintos de muchas maneras, siempre fui yo el puritano del dueto, y él, un desgraciado, sí, eso era, un desgraciado. Aún así, fuimos buenos amigos.
Sólo hubo una ocasión en que realmente le odié y quise golpearlo o sepultarlo, simplemente apartarlo y ya. Y fue por Helen Bradley. Qué mujer, vaya, qué mujer. Una chica tímida, pero era pasional, sin duda, y por lo demás algo tonta, pero increíblemente encantadora. Salí con ella por un tiempo, realmente fueron días especiales. En cosas muy simples ahora encontraba los placeres más delicados, con sólo tocarle la mano, oler su cuello, verla hacer las cosas más irrelevantes me llenaba de deleite, y después, cuando pude tocar sus pechos, Dios mío, no tienen idea de qué goce era tocarlos y besarlos, no tienen idea de cuánto me regocijaba al hacerle el amor. Cuando terminamos fue muy doloroso para mí, me sentí desechado, como si fuera un vaso de cartón o alguna tontería por el estilo, sin embargo, nunca pude odiar a Helen, no sé por qué, tal vez eran esos senos maravillosos, sí, tal vez. Y digo que odié a Halston de una manera muy aguda durante un tiempo por que se involucró con Helen, y yo conocía a Halston, sabía cómo empezaba por susurrarles frases al oído, con una insistencia pequeña pero constante, y muchas veces eficaz, cómo le odiaba al verlo hacer eso. No sabía como tratar a una mujer como Helen, simplemente no lo sabía, pero aún así, ya que Helen era algo tonta, como les dije, se enamoró de él, o se dejo seducir, no lo sé, pero no creo que él pudiera apreciar aquellos pechos como yo lo hice, estoy seguro.
Fue un alivio para mí el enterarme al poco tiempo que habían terminado, vaya, no sé si fue ella o él, pero no me importa ya, la verdad les repudié durante ese tiempo. Ya nada volvió a ser lo mismo con Helen, y no podía ser de otra manera, dejamos de tener contacto a partir de lo de Halston, poco después se fue a vivir a no sé qué lugar, espero que haya sido a uno con alguna epidemia mortal o algo así. Vaya, sueno terrible, debería pensar un poco más lo que digo, después de todo, Helen no era tan tonta, incluso, era especial, sí, sí que lo era, porque a partir de ella Halston tuvo un ligero cambio, bueno, aunque tal vez no fue Helen, tal vez fue la heroína. Pero es que… diablos, él consumía demasiada, no sé dónde podía ir a parar toda esa mierda en su cuerpo, pero él seguía y seguía.
Yo no podía hacer nada con eso, Halston casi siempre terminaba haciendo lo que él quería, y creo que a veces lo que yo decía significaba pura mierda para él; aún así, a mí me era totalmente indiferente si él se metía toda la heroína del mundo, creo que sí le odié bastante incluso después de lo de Helen, sí, definitivamente le odié.
Su adicción creció y creció, y yo siempre estuve indiferente, lo acompañaba a inhalar a su cuarto o al bosque, incluso lo vi picarse muchísimas veces, aunque nunca me puse a pensar en qué estaba haciendo con su cuerpo, en esos momentos, casi siempre me venía a la mente alguna tontería, pensaba en muchas tonterías, cosas absurdas que jamás pasarían, recuerdo alguna vez haber pensado que le saldrían tres cabezas a Halston por drogarse tanto, sí jeje, una de cabra, otra de payaso y una última de una virgen, y esto sin meterme esa mierda, nunca lo hice.
Puedo decir que la heroína cambió mucho a Halston, era como si lo desenmascarase, poco a poco, como si le quitara ese aire de caballero que tanto podía manejar, y poco a poco, sólo el vulgar que gustaba de hablar de pollas estaba presente. Y me caía muy bien así, me hacía reír mucho, desarrolló un sentido del humor bastante bobo que siempre me provocaba algunas buenas carcajadas.
Sí, tal vez ya no me tomaba en serio a Halston, pero es que tenía un sentido del humor tan bobo, no te imagináis. El día que murió, yo estaba con él, yo recostado leyendo alguna revista tonta de estilo, y el inyectándose esa mierda; sí, se inyectó mucha, yo creo, porque repentinamente se puso malísimo, sudaba como un puerco, y no podía pronunciar bien las palabras, yo sólo lo veía atónito, tal vez debía haber llamado a la ambulancia, pero no lo hice, estaba atónito, parecía que la sobredosis había mostrado el verdadero rostro de Halston y, para ser sincero, era un rostro horrible, me dio mucha lástima, pero también mucho asco. Me senté a su lado y empecé a decirle “vamos viejo, déjate de tonterías, que tenemos que bajar a hacer otras cosas, anda, deja de hacerle al payaso”, cosas así le decía. Al final dejo de respirar, y yo no supe qué hacer, sólo salí a escondidas de su casa, era muy fácil salir a escondidas, y caminé por la avenida principal del pueblo; pensaba que la cara real de Halston era mucho más fea que las tres cabezas que me había imaginado, y no pude evitar una ligera sonrisa.

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