Thursday, March 31, 2011

¡Cómo odio las filas!

¡Cómo odio las filas! Y no pude haberme tardado más por la estupidez del pendejo ese, vaya, que pendejos hay muchos, y me tuvo que tocar ese. ¿Dónde está mi pasaporte? Dios, sólo quiero descansar, a ver si puedo dormir en el puto avión. No he terminado el libro, realmente es aburrido, sabía que las recomendaciones de Teresa debo tomármelas con cuidado, sólo la ignoraré. Aquí estaba, jodidos papeles. Tiene un rostro extraño amigo, no puedo concentrarme. Ya quiero estar lejos de aquí, me emociona un poco esto de irme lejos de casa, al fin, sólo he visto el extranjero por la televisión y esas cosas. Espero no haya tanta estupidez por allá. Holanda, sí, qué rico, igual y me ligo alguna colegiala universitaria, y follamos de lo lindo.
Uy, un avión, sí, ahora tendré un aire de extranjero para cuando regrese, si es que regreso, tal vez allá sea reconocido, sí, porque son más liberales y progres, no me estarán jodiendo con los valores y esas tonterías. ¡Qué no encontraré en los bares! Sí sí, puedo verme, tener un nombre, basta de ser nadie. ¡Wooow!, podemos empezar este cambio con aquella hermosa azafata, a ver si voltea a verme y le echo unas miradas coquetas. ¿Dónde es mi asiento, cuál es? Mmm…. 27C, a ver, a ver… maldita sea, no tengo ventanilla, me caga, espero no venga la persona que le toque ese asiento, que muera o se le vaya el avión. A ver de qué tratan estas revistas, bah, aburrido. Un manual de supervivencia, a ver qué me recomienda, cómo si nos fuéramos a estrellar. Creo que prefiero leer La fuerza del viajero, vaya para libritos que lee Teresa, las mujeres no tienen muy buen gusto. Tal vez aquella azafata sí, qué cuerpo.
            ¡Cómo tarda tanto en despegar esta mierda! Ni que fuera gran ciencia, aunque creo que estoy siendo un poco exagerado, es la primera vez que estoy en un avión, tal vez debería disfrutarlo un poco más, ya me aburrió este libro, ¿qué traigo en el morral? Este otro libro que me recomendó el maestro, ¿pero quién carajos estudia en un avión? Vaya, no me había dado cuenta que ya cerraron la puerta y el asiento de la ventanilla esta vacío, podré ver la tierra desde arriba.
            Rodrigo quedó dominado por un sueño profundo, inevitable después de tanto tiempo de asomarse por aquella vista aérea de su patria. Las horas pasaron lentamente como el paso de un río de aguas tranquilas sobre su cauce, sin molestia alguna, sin intervención. Fue despertando lentamente, atado todavía a un letargo constante, que parecía no querer esfumarse fácilmente, como si su cuerpo quisiera seguir inconsciente. Terminó por despertase una vez que aquella azafata que había encontrado atractiva le ofreciera un tentempié.
            ¡Qué bonitos ojos! Y qué boca, ¿me rechazaría? Vamos, debe ser un poco cachonda, no sé, soy un poco cobarde. Quedo como idiota si no pido algo y me tardo tanto en responder. Un refresco. ¿Algo más? Tu cuerpo, eso quisiera decir. Sí, un emparedado y si es posible, una manta, por favor. Creo que aún así quedé como un idiota. En el baño, sí, sería genial, ella y yo en el baño. ¿Es una fantasía común, no? Qué delicioso sería, ¿estará casada? No creo, viaja todo el tiempo. Tendré que quedarme con las fantasías, llegaré a hacerme una paja, será lo primero. Ya vi esa película, asco, no quiero verla de nuevo. ¿Dónde puse el morral? Ya. ¿Qué es esto? Un álbum fotográfico, nuestro álbum fotográfico, debió haberlo metido sin que me diera cuenta, maldita, ¿para qué? Vaya que estaba cómico cuando era niño, mira, la típica foto desnuda, con mi pene de bebé, pequeño, y esa sonrisa. Ahí está ella, qué chistosa, no creo parecerme a ella, no sé cómo es que muchos lo piensan. Si supieran qué tipo de libros me ha recomendado, inútiles. Mamá, tenía tiempo que no veía una foto tuya, todas las tiré, las rompí estando ebrio. No sé qué pensar de eso, la estúpida de Teresa me hace sentir mal acerca de eso. ¿Sabe ella algo? Cree tener la madurez suficiente, ilusa, yo puedo conmigo, ya puedo vivir solo. Se quedó llorando, no te vayas, dijo uno y otra vez, no te vayas, podremos seguir adelante, el dinero no es un problema, mamá hubiera querido que estuviéramos juntos. Sí, la dejé llorando, pobre. Y la maldita lluvia hizo que su llanto pareciese todavía más escandaloso, más molesto. Ella no sabe por qué tiré los retratos de mamá, me purga que crea saberlo, diciéndome cómo actuar y qué pensar, tonta. Aquí estoy peludo, jajaja, cuando tenía catorce años, cuánto acné tenía, qué asco. La abuela, era tierna, la quería, aunque era un poco fastidiosa. Qué buenas galletas hacía. Tengo hambre, no ha llegado la azafata, preciosa pero inútil. No hay fotos de Federico, no tendría porqué, tal vez ya murió, no lo conocí. Mamá se ponía triste pensando en él. Lloraba. Casi como lloró Teresa, así lloraba. Ya no hay fotos. Murió, sí, y ya no tomamos fotos. ¿Qué es esto? Una recado.
Rodrigo:

           Bastantes veces he soñado con mamá, me visita en las noches, frecuentemente. No sé qué te pasó, qué se te fue con ella a la tumba, no sé qué te habrá quitado. Me hubiera gustado que pudieses hablar con ella, como yo lo hago, aunque sea en sueños. Lo que me dice es muy cierto ¿sabes? Pero es doloroso. Creo que ella sabe más cosas ya muerta, aunque odio no poder abrazarla, creo que no vale la pena saber muchas cosas acerca de la vida si no tienes a una madre a quién abrazar. Debimos abrazarnos, tú y yo, Rodrigo, perdóname, sé que no tengo los brazos como los de mamá, y que tampoco huelo como ella. ¿Qué nos pasó? Ahora ¿también soñaré contigo? Dime, regresa, no olvides que tienes una hermana. No esperes a que muera para tirar mis  retratos y quemar mis imágenes en tu memoria, no esperes eso ¿acaso ya lo hiciste así con mamá? Las fotos no son nada ¿sabes? Lo que es y que importa son los recuerdos, ¿quemaste los recuerdos de mamá? ¿Qué hiciste con ella? ¿Qué hiciste contigo? Yo te amo, pero poco a poco mueres, aunque sé que siempre estarás, mientras más olvidado, más vivo, y más punzante, en mis sueños. Siempre serás mi hermano. O siempre querré que lo seas, aunque tú hayas decidido otra cosa. No quiero darme cuenta de que tal vez ya te esfumaste para siempre, ¿sabes lo dolorosos que son los recuerdos arrastrados de una persona ausente? Parece que no te bastó con la muerte de mamá, y también deseaste la mía. Guardé este álbum una vez que empezaste a destruir cualquier foto que encontrabas en la casa. Entre el forro y la pasta, está la foto que debes ver, no la destruyas por favor. Sólo recuerda que intentaré estarte esperando, el tiempo que pueda resistir.

Teresa
           
            Las manos apretaban con fuerza aquel papel que ya estaba percudido, por las lágrimas que Teresa había derramado sobre él. Con suma lentitud, como si nada tuviera prisa, los ojos de Rodrigo se tiñeron de rojo, brillosos, acosados por el ímpetu de aquellas lágrimas que parecen empujar con la mayor de las fuerzas, para escurrirse sobre el rostro insaciablemente. La manta llegó, Rodrigo no dijo nada y se tapó completamente con ella, sollozando profusamente, pero silenciando con todo su ser aquellos gemidos que lo hacían agonizar.  Se vio ahí, arriba, lejos, aislado, solo, completamente solo.
¡Teresa… Teresa! ¿Qué pasa?… mamá, perdón mamá, quisiera… quisiera…
 Un ligero vaivén atravesó el avión, pero fue creciendo en intensidad, hasta volverse una fuerza temible e implacable. Fuera, los cielos rugían imperiosamente, incesablemente, y provocaban el mayor de los temores sobre los pasajeros. El anuncio de emergencia no tardó en transmitirse, la nave corría grave peligro. Inerme, inestable y miserable, el avión apenas oponía resistencia a las magníficas fuerzas de la naturaleza, que moldeaban su curso con la facilidad con la que el niño dibuja el destino de un personaje inventado sobre su cuaderno. En medio de aquella orquesta temible e incansable, la nave no tenía salvación alguna, trágicamente, casi con una lírica perfecta y armoniosa con la temible furia del cielo, el avión empezó su partitura final, en medio de aquella sinfonía implacable. Delineó su última trayectoria, hermosa y mortal. Aquella mancha naranja, ardiente, que mancillaba los montes bañados por la lluvia, marcó el desenlace. El cruel crepitar de las llamas que agonizaban ante la lluvia se añadía al canto del metal ardiendo.

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